La gestión de colonias felinas mediante programas CER (Captura, Esterilización y Retorno) es hoy una obligación legal, en el marco de la Ley 7/2023 de Bienestar Animal, y una política pública clave para muchos Ayuntamientos.
Sin embargo, la experiencia demuestra que no basta con esterilizar: cuando el programa carece de estructura, coordinación y seguimiento, aparecen conflictos, sobrecostes y desgaste tanto del personal municipal como del voluntariado.
Implantar un programa CER municipal eficaz es posible si se aborda como lo que es: un servicio público que necesita planificación, datos y continuidad.
Por qué muchos programas CER municipales no funcionan como deberían
En numerosos municipios, el programa CER se gestiona de manera fundamentalmente reactiva. Las intervenciones suelen producirse como respuesta a incidencias puntuales —una queja vecinal, una camada detectada de urgencia, un conflicto concreto— sin que exista una planificación previa que permita anticiparse a los problemas o actuar de forma sistemática y preventiva.
A esta falta de planificación se suma una comunicación fragmentada y poco estructurada. La coordinación entre gestoras, personal municipal y otros agentes se apoya con frecuencia en correos electrónicos dispersos, mensajes de WhatsApp personales o llamadas informales, lo que dificulta el seguimiento de actuaciones, la trazabilidad de decisiones y la continuidad del trabajo en el tiempo.
Como consecuencia directa, la información generada sobre el terreno no se consolida en un sistema común. Los datos sobre colonias, individuos, esterilizaciones, incidencias o actuaciones veterinarias quedan repartidos en distintos canales, documentos o dispositivos personales, impidiendo tener una visión global y fiable de la situación real del municipio.
Este modelo provoca además una dependencia excesiva de personas concretas. El funcionamiento del programa CER suele sostenerse gracias al compromiso individual de una o varias gestoras o de un técnico municipal especialmente implicado. Cuando esas personas se ausentan, se queman o cambian de responsabilidades, el sistema se resiente o incluso se paraliza, evidenciando la falta de una estructura estable.
El resultado de este enfoque es una serie de problemas recurrentes: dificultad para justificar presupuestos y solicitar subvenciones, conflictos persistentes con gestoras y vecinos, repetición de camadas por falta de control sistemático y una sensación permanente de estar “apagando fuegos” en lugar de gestionar de forma ordenada.
En este contexto, conviene subrayar una idea clave: un programa CER municipal no suele fallar por falta de voluntad, sino por falta de estructura. Sin una organización clara, datos consolidados y herramientas adecuadas, incluso los municipios con mayor implicación acaban atrapados en una gestión reactiva, frágil y poco sostenible en el tiempo.
Un programa CER municipal no falla por falta de voluntad, sino por falta de estructura.
El error más común en la gestión municipal de colonias felinas...
…es abordar el CER como una suma de acciones aisladas, en lugar de entenderlo y gestionarlo como un programa continuado en el tiempo. Cuando el enfoque se limita a responder a situaciones concretas —una captura puntual, una esterilización urgente o una incidencia específica— se pierde la visión de conjunto necesaria para que el CER funcione de forma eficaz y sostenible.
En ausencia de protocolos claros, roles bien definidos y herramientas comunes, la gestión se vuelve frágil. Parte de la información generada en el terreno no se registra o se pierde, lo que impide aprender de actuaciones anteriores y tomar decisiones basadas en datos. Al mismo tiempo, se duplican esfuerzos: distintas personas realizan tareas similares sin coordinación, o se repiten capturas y actuaciones que podrían haberse evitado con una planificación adecuada.
Este desorden operativo tiene un impacto directo en el día a día del municipio. Aumentan las incidencias, se cronifican problemas que podrían haberse prevenido y el programa entra en una dinámica reactiva difícil de sostener. Además, la falta de organización repercute en los costes: cada gato esterilizado acaba siendo más caro, no por la intervención en sí, sino por la ineficiencia del proceso que la rodea.
Por ello, una buena gestión del CER no empieza en el momento de la primera captura, sino mucho antes. Comienza con organización, criterios claros y una estructura que permita coordinar a todos los agentes implicados, dar continuidad al trabajo y transformar esfuerzos aislados en una política pública eficaz y defendible.
La buena gestión del CER empieza antes de la primera captura, con organización y criterios claros.
La buena gestión del CER empieza antes de la primera captura, con organización y criterios claros.
Qué tienen en común los programas CER municipales que mejor funcionan
La experiencia acumulada en distintos municipios muestra que los programas CER más eficaces comparten varios elementos clave:
- un protocolo CER municipal adaptado a la realidad local
- gestoras integradas, reconocidas y coordinadas
- colaboración estable con clínicas veterinarias
- herramientas que permiten centralizar información y actuaciones
- seguimiento periódico y evaluación de resultados
Cuando estas piezas encajan, los resultados se notan desde los primeros meses: menos camadas, menos conflictos y un uso más eficiente del presupuesto público.
La importancia de medir y planificar un programa CER municipal
Uno de los mayores saltos cualitativos en la gestión de colonias felinas se produce cuando se abandona un modelo basado en la urgencia y la reacción para avanzar hacia una gestión apoyada en datos. Este cambio de enfoque permite dejar atrás la improvisación y empezar a trabajar con una visión global, planificada y coherente del programa CER.
Contar con métricas claras facilita priorizar actuaciones de forma objetiva, asignando recursos allí donde son más necesarios y evitando intervenciones ineficientes o redundantes. Además, los datos permiten justificar decisiones técnicas y presupuestarias con criterios sólidos, algo imprescindible en el ámbito municipal, donde cada actuación debe poder explicarse y defenderse con argumentos verificables.
La gestión basada en datos también hace posible detectar desviaciones a tiempo, identificar problemas emergentes y corregir el rumbo antes de que las incidencias se cronifiquen. Con ello, el CER deja de depender de esfuerzos puntuales y se consolida como una política pública estable, capaz de sostenerse en el tiempo incluso ante cambios de personas o de contexto.
En este sentido, no se trata de generar más burocracia, sino de ganar trazabilidad, control y seguridad jurídica. Los datos bien estructurados se convierten en una herramienta de apoyo a la gestión, no en una carga administrativa, y permiten que el CER funcione como lo que debe ser: un programa municipal planificado, eficiente y defendible.
Una hoja de ruta realista para implantar un CER municipal
Implantar o reforzar un programa CER no requiere hacerlo todo de golpe. Un enfoque progresivo facilita el proceso, especialmente en municipios pequeños y medianos.
Una hoja de ruta habitual incluye:
- Planificación inicial: protocolo, roles y agentes implicados
- Implementación: coordinación, herramientas de gestión y comunicación
- Evaluación y ajustes: análisis de resultados y mejora continua
- Revisión anual: consolidación y rendición de cuentas
La clave no es hacerlo rápido, sino hacerlo bien desde el principio.
Checklist de buenas prácticas para evaluar un programa CER municipal
Para facilitar la autoevaluación, resulta especialmente útil disponer de un checklist operativo de buenas prácticas. Este tipo de herramienta permite a los municipios revisar de forma ordenada cómo están gestionando su programa CER y detectar, con rapidez, posibles puntos de mejora en la organización, la coordinación y el uso de recursos.
Estos checklists no pretenden recoger únicamente los mínimos legales exigibles. Su valor reside en identificar aquellos elementos que, según la experiencia acumulada en distintos programas CER, están directamente relacionados con un mejor funcionamiento del sistema. Se trata de criterios prácticos y contrastados, no de requisitos formales.
Cuando se aplican de forma sistemática, este tipo de herramientas se asocian a mejores resultados operativos, una reducción significativa de conflictos —tanto con el voluntariado como con la ciudadanía— y una optimización de los costes a medio plazo, al evitar improvisaciones, duplicidades y actuaciones ineficientes.
Herramientas digitales para una gestión CER trazable y coordinada
A medida que un programa CER crece en alcance y complejidad, la gestión manual deja de ser viable. Los registros dispersos, las comunicaciones informales y la falta de una visión unificada del territorio generan ineficiencias que dificultan la continuidad del trabajo y la toma de decisiones informadas.
En este contexto, las herramientas digitales permiten centralizar en un único sistema la información clave del programa: colonias, gatos y actuaciones realizadas. Además, facilitan el registro estructurado de incidencias y avisos, evitando la pérdida de información y asegurando que cada actuación quede documentada y sea trazable.
Otro aspecto crítico es la coordinación entre los distintos agentes implicados. Contar con una plataforma común mejora la comunicación entre Ayuntamiento, gestoras de colonias y veterinarios, clarifica roles y responsabilidades, y reduce fricciones derivadas de malentendidos o duplicidades.
Finalmente, la información generada deja de ser un simple archivo histórico y se convierte en una herramienta útil para la toma de decisiones. Los datos consolidados permiten planificar, priorizar y evaluar el programa con criterios objetivos, reforzando su eficacia y sostenibilidad.
Plataformas como Meow Metrics están diseñadas precisamente para cubrir esta necesidad desde un enfoque de gestión municipal, trazabilidad y apoyo al cumplimiento normativo, sustituyendo soluciones informales por una estructura digital sólida y orientada a políticas públicas.
Ordenar la gestión del CER es posible
La gestión municipal de colonias felinas no tiene por qué depender del esfuerzo individual ni de soluciones improvisadas. Con planificación, información clara y herramientas adecuadas, el CER puede convertirse en una política pública eficaz, sostenible y defendible ante la ciudadanía.
Cada Ayuntamiento parte de una realidad distinta, pero el objetivo es común: mejorar la convivencia, la salud pública y la eficiencia municipal.